martes, 29 de enero de 2008

las condiciones de vida de los mineros del siglo XIX

Se distinguían vagamente los cuatro inmensos cuerpos de edificio que formaban las casitas, presentando el aspecto de un cuartel o un hospital, geométrico, paralelamente colocados, y divididos por tres calles muy anchas, flanqueadas de unos jardinillos iguales. Y en la desierta planicie que se extendía delante del barrio, no se oía más que el silbar desesperado del viento y el crujir de puertas y ventanas.
En la casa de los Maheu, en el número 16 del segundo cuerpo, no se había movido nadie. Espesas tinieblas envolvían la única habitación del primer piso, como abrumando bajo su peso el sueño de los seres que se adivinaban allí, amontonados, con la boca abierta, destrozados por el cansancio. A pesar del frío intenso del exterior, el aire enrarecido tenía un calor vivo, ese aliento caluroso de los cuartos que huelen a ganado humano.


Los cuatro cortadores de arcilla acababan de tenderse unos encima de otros, y trabajaban con ardor. Separados por los tablones de andamio que sujetaban el carbón, cada uno ocupaba unos cuatro metros de la veta, y ésta era tan delgada (apenas tendría en aquel sitio cincuenta centímetros de espesor), que estaban allí como aplastados entre el techo y la pared, arrastrándose sobre las rodillas y los codos, y no pudiéndose volver sin lastimarse la espalda y los hombros. Para arrancar la hulla, tenían que estar tendidos de costado, con el cuello torcido y los brazos levantados, a fin de poder manejar el pico y el berbiquí.

Junto a la entrada de la vía estaba Zacarías, luego Levaque y Chaval encima de él; y allá en lo más alto, Maheu. Todos atacaban la veta a fuerza de pico; luego, cuando de ese modo habían desprendido por abajo la capa de mineral, practicaban dos hendiduras verticales y desprendían el pedazo, formando palanca por la parte superior. La hulla estaba blanda, y los pedazos se desmoronaban, cayendo por su vientre y sus piernas. Cuando aquellos pedazos, contenidos por los tablones, se amontonaban debajo de ellos, los obreros casi desaparecían, quedando como emparedados en la estrecha hendidura.



Maheu era el que más sufría. En la parte de arriba, la temperatura subía hasta treinta y cinco grados, el aire no circulaba, y a la larga, el ahogo y la sofocación se hacían mortales. Para ver bien, había tenido que fijar la linterna en un clavo cerca de su cabeza; y aquella linterna, que le calentaba el cráneo, acababa de hacerle arder la sangre. Pero su suplicio aumentaba principalmente a causa de la humedad. La roca, por encima de él, a pocos centímetros de su cara, chorreaba agua, gotas gruesas, continuas y rápidas, que corrían, produciendo una cadencia acompasado al caer siempre en el mismo sitio. Por más que torcía el cuello y volvía la cara, las gotas le caían en la frente, en los ojos, en la boca, sin interrumpirse ni un momento.

martes, 11 de diciembre de 2007

POEMAS DE ESPRONCELA

http://www.poemas-del-alma.com/jose-de-espronceda-el-reo-de-muerte.htm
http://www.poemasde.net/a-jarifa-en-una-orgia-jose-de-espronceda/
http://www.poemasde.net/cancion-del-pirata-jose-de-espronceda/

JOSÉ DE ESPRONCELA



JOSÉ DE ESPRONCEDA



José de Espronceda nació en Almendralejo, Badajoz (España), el 25 de marzo de 1808.
Su nacimiento se produjo en plena Guerra de la Independencia contra la invasión napoleónica, siendo su padre militar del ejército español.
En 1820 se traslada a Madrid y se instruye en el Colegio de San Mateo con el poeta Alberto Lista, integrándose en la "Academia poética del Mirto".
Imbuido de espiritu aventurero, rebelde y bohemio, Espronceda viajó por diversos países europeos, como Portugal, Inglaterra, Bélgica o Francia y creó una sociedad secreta llamada "Los Numantinos", para vengar el asesinato de Rafael del Riego, llevado a cabo por orden del gobierno absolutista de Fernando VII, quien había sido repuesto en el trono por los Cien Mil Hijos de San Luis.Descubierta la sociedad, de la que Espronceda era su presidente, sería confinado durante un tiempo a un convento sito en Guadalajara, lugar en donde escribió el poema "Pelayo". A partir de 1833 residió de nuevo en España, iniciando su labor periodística y literaria.Su fama como escritor le llevó a ocupar diversos puestos políticos, siendo elegido Secretario de la Legislación en los Paises Bajos y diputado por el Partido Progresista.Entre sus conquistas amorosas se encuentra Teresa Mancha, a la que conoce en Lisboa. Con Teresa, quien se casaría con otro hombre tras el primer encuentro con Espronceda, vivirá una relación apasionada tras la fuga de los dos amantes a París.Este enlace terminaría con la muerte a causa de la tuberculosis de Teresa en 1839. Ambos tendrían una hija, a la que llamarían Blanca. Poeta romántico de talante liberal, Espronceda es uno de los más destacados nombres del romanticismo español.Además de títulos poéticos impregnados de vigor lírico como "Himno al sol", "A Jarifa en una orgía", su popular "La canción del pirata", "El mendigo", "El verdugo", "A la patria", "Canto del cosaco", "El estudiante de Salamanca" o "El diablo mundo" (libro en el cual aparece su poema "Canto a Teresa", dedicado a Teresa Mancha), el literato extremeño escribió novelas históricas como "Sancho Saldaña" y obras de teatro como "Ni el tío ni el sobrino" o "Amor venga sus agravios".Murió de difteria el 25 de mayo de 1842. Tenía 34 años.

viernes, 30 de noviembre de 2007

biografia de Gustavo Adolfo Bécquer





GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER




Originario de Sevilla, España, Bécquer nació el 17 de febrero de 1836 siendo su padre un célebre pintor del costumbrismo sevillano quien dejó huérfano a Adolfo a los cinco años; comenzó sus primeros estudios en el colegio de San Antonio Abad, para luego pasar a tomar la carrera náutica en el colegio de San Telmo.A los nueve años quedó huérfano también de madre y salió del anterior colegio para ser acogido por su madrina de bautismo. A la edad de diecisiete años dejó a su madrina y a la buena posición que ésta le proporcionaba para viajar a Madrid en busca de fortuna a través del campo de las letras que se le daba con facilidad. Como es conocido, no era fácil subsistir de la literatura y paradójicamente, Bécquer que deseaba encontrar fortuna lo que abundó fueron escaseces, por lo que se vio obligado a servir de escribiente en la Dirección de Bienes Nacionales, donde su habilidad para el dibujo era admirada por sus compañeros, pero fue motivo de que fuera cesado al ser sorprendido por el Director haciendo dibujos de escenas de Shakespeare. De este modo volvió Gustavo a vivir de sus artículos literarios que eran entonces de poca demanda por lo que alternó esta actividad con la elaboración de pinturas al fresco. Tiempo después encontró una plaza en la redacción de "El Contemporáneo" y fue entonces que escribió la mayoría de sus leyendas y las "Cartas desde mi celda".En 1862 llegó a vivir con Bécquer su hermano Valeriano, célebre en Sevilla por su producción pictórica pero no por eso más afortunado que Gustavo, y juntos vivieron al día uno traduciendo novelas o escribiendo artículos y el otro dibujando y pintando por destajo; mucho les costó a los hermanos salir adelante de su infortunio y con el tiempo lograron juntos una modesta estabilidad que les permitía a uno retratar por obsequio y al otro escribir una oda por entusiasmo. Como legado para la literatura del mundo, Gustavo Adolfo Bécquer dejó sus "Rimas" a través de las cuales deja ver lo melancólico y atormentado de su vida; en el género de las leyendas escribió la célebre "Maese Pérez el Organista", "Los ojos verdes", "Las hojas secas" y "La rosa de pasión" entre varias otras. Escribió esbozos y ensayos como "La mujer de piedra", "La noche de difuntos", "Un Drama" y "El aderezo de esmeraldas" entre una variedad similar a la de sus leyendas. Hizo descripciones de "La basílica de Santa Leocadia", el "Solar de la Casa del Cid" y el "Enterramiento de Garcilaso de la Vega", entre otras. Por último, dentro del costumbrismo o folklor español escribió "Los dos Compadres", "Las jugadoras", la "Semana Santa en Toledo", "El café de Fornos" y otras más. En septiembre de 1870 dejó de existir Valeriano, duro golpe para Gustavo, que pronto enfermó sin ningún síntoma preciso, de pulmonía que se convirtió luego en hepatitis para tornarse en una pericarditis que pronto había terminar su vida el 22 de diciembre de ese mismo año.

martes, 27 de noviembre de 2007

la muerte de napoleón



La muerte de Napoleón


Un grupo de científicos tal vez haya revelado, por fin, uno de los misterios perdurables de la historia anglo-francesa gracias a un par de pantalones. Durante años se mantuvo encendido el debate sobre la causa exacta que llevó a Napoleón a una muerte temprana mientras vivía un exilio en la isla de Santa Elena, donde fue desterrado después de Waterloo.Si bien una autopsia mencionó un cáncer de estómago, se cuestionó la veracidad del informe cuando, más tarde, se encontró arsénico en las raíces de su pelo. Hoy un equipo de científicos suizos parece haber revelado el misterio después de examinar atentamente los pantalones del emperador francés. Científicos del Hospital Universitario del Departamento de Patología Anatómica de Basilea y del Instituto de Historia Médica de la Universidad de Zurich analizaron los 12 pares de pantalones que Napoleón usó en los seis años que vivió en exilio. Midieron las cinturas y estudiaron, también, las medidas de pacientes que padecían cáncer de estómago. El pantalón más grande que usó Napoleón medía 110 centímetros de cintura; los que usaba justo antes de su muerte en 1821, apenas 98 centímetros.Según los investigadores, las evidencias demuestran que había perdido mucho peso al igual que los pacientes vivos, que bajaron de 11 a 15 kilos en los seis meses en que fueron analizados. Su conclusión confirma la autopsia original de Napoleón que declaraba un cáncer abdominal. La teoría de que Napoleón pudiera haber sido asesinado surgió por primera vez en 1840, cuando su cuerpo regresó a Francia para ser enterrado nuevamente. Allí se detectó arsénico en las raíces del pelo. El equipo suizo dijo que la presencia de arsénico podía explicarse porque a Napoléon le gustaba beber, y los fabricantes de vino del siglo XIX solían secar los barriles con arsénico. Otros científicos, en cambio, dijeron que los médicos del ex emperador le daban arsénico para hacerlo vomitar. Una teoría incluso llegó a sugerir que el empapelado de las paredes de la casa en el exilio podría haber tenido la culpa. Se había descubierto arsénico en las habitaciones especialmente redecoradas del ex emperador.El doctor Lugli, cuyo estudio se publicó en la Revista de Patología Humana de Estados Unidos, le dijo a la BBC que, a pesar de la evidencia de los pantalones, el debate seguramente continuará.

EL ASESINATO DE MARAT


EL ASESINATO DE MARAT



La caída de los girondinos el 31 de mayo, provocada por las acciones de François Hanriot, se convirtió en uno de los últimos logros de Marat. Su enfermedad de la piel estaba teniendo efectos negativos en su vida, y lo único que aliviaba las molestias eran los baños calientes. Marat estaba en su bañera el 13 de julio de 1793 cuando una mujer que afirmaba ser una mensajera desde Caen (donde los girondinos huidos intentaban ganar una base en Normandía) solicitó entrar en su cuarto.
Él la dejó entrar, le preguntó los nombres de los que la enviaban, y tras apuntar sus nombres presuntamente dijo: «Serán todos guillotinados». La joven, la aristócrata Charlotte Corday, sacó un cuchillo comprado minutos antes en una tienda, al otro lado de la calle, y le apuñaló en el pecho. Marat gritó «A moi, ma chère amie!» («¡A mí, mi querida amiga!») y murió. Corday era girondina, y su acción provocó represalias, en las que cientos de los adversarios de los Jacobinos (tanto monárquicos como Girondinos) fueron ejecutados bajo los cargos de traición. La misma Corday fue guillotinada el 17 de julio de 1793 por el asesinato de Marat.
El asesinato no hizo más que engrandecer su imagen entre las capas más pobres de la sociedad, que lo identificó como a un mártir de la Revolución.
Toda la Convención Nacional acudió a su funeral, y sus cenizas fueron colocadas en el Salón de los espectáculos, donde tenían lugar las sesiones. Cuando los jacobinos iniciaron sus campañas de descristianización deísta, Marat fue casi santificado, y su busto sustituía a menudo a los crucifijos en las antiguas iglesias de París.

LA TOMA DE BASTILLA


LA TOMA DE LA BASTILLA


El 14 de julio de 1789, el pueblo de París, movilizado en apoyo a la Asamblea Nacional, tomó por asalto la Bastilla, y luego la destruyó.
Era una vieja fortaleza que Luis XIV había convertido en prisión, donde se detenía a los opositores del régimen monárquico.
Además se almacenaban allí, granos, sobre todo harina, circunstancia que la gente aprovechó para saquear, aprovisionada con armas de diversos regimientos y con la furia del hambre que los aquejaba, debido al fracaso de la cosecha del año anterior, los tributos que habían aumentado, el diezmo que debían abonar a la iglesia, y el pago que debían hacerle al Señor local por el uso del molino, la prensa de lagar, el matadero y el horno.
En ese momento, sólo había siete prisioneros, que fueron liberados, y mataron al gobernador, el Marqués Bernard de Launay, lo que no significó un gran logro político-social, pero fue suficiente, para que este acontecimiento, significara un símbolo de los revolucionarios contra el despótico poder real.
A partir de entonces, cundió la agitación social por toda Francia, atacándose propiedades privadas, a cobradores de impuestos y a latifundistas, no limitándose, por lo tanto, a la lucha contra la Corona.